sábado, 4 de octubre de 2008

"LOS SIGNOS DE UN TIEMPO QUE CAMBIA".

Entevista a Monseñor Malcom Ranjith,
Secretario de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

(Revista "Radici Cristiane", octubre de 2008)
Interrogado por el Osservatore Romano, el maestro de ceremonias pontificio Mons. Guido Marini ha declarado que cree que esta praxis se volverá habitual en las celebraciones pontificias, recordando que “la distribución de la Comunión en la mano sigue siendo siempre, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal... La modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma válida para toda la Iglesia”.


- Excelencia, el Papa ha distribuido recientemente la Comunión en la boca a los fieles puestos de rodillas.¿Cree que los obispos y los sacerdotes deberían hacer una particular reflexión sobre lo que está haciendo el Papa en sus celebraciones?

Cuando el Santo Padre, como sucesor de Pedro, habla ex cathedra, su enseñanza es obligatoria para todos. Pero hay otras materias que no pertenecen al magisterio ex cathedra sino al magisterio ordinario. También cuando habla en este sentido todos deben prestar la máxima consideración; su enseñanza debe ser honrada y seguida. Cuando el Papa hace algunos gestos, esto es importante y simbólico para la Iglesia, se vuelve un modelo. El precedente maestro de ceremonias pontificio siempre decía que la liturgia celebrada por el Santo Padre debería servir de modelo a toda la Iglesia.

Ahora bien, el Santo Padre justamente ha introducido una praxis que no es un experimento, sino algo sobre lo cual seguramente ha reflexionado, rezado y consultado. Se trata de algo que ya se podía encontrar en sus escritos de cardenal cuando insistía en la reverencia debida al Santísimo. Por lo tanto él ha hecho un gesto que por otro lado es el que la Iglesia ha seguido anteriormente por siglos. Y es el gesto más acorde con la actitud de verdadera reverencia hacia el Señor, porque no estamos recibiendo un pedazo de pan sino a Cristo, su Persona, su Cuerpo, su Sangre. Ante este fenómeno del Eterno que entra en lo frágil, en lo débil, en lo humano, debe haber una actitud de gran fe, devoción y reverencia. Lo que sucede cuando recibimos la Eucaristía es algo incomprensible a la mente humana. El Señor entra en nuestros corazones como en su morada y nosotros lo debemos recibir como corresponde.

El gesto introducido por el Santo Padre debe ser valorado y meditado en su significado profundo. Sería una ceguera muy grande cerrar los ojos a lo que el Santo Padre está haciendo. Así como sería necio negarse a leer el sentido de este gesto. Por otra parte, repito, él ya había explicado en sus escritos por qué es importante y cómo toda la Sagrada Escritura habla de reverencia hacia el Señor, tanto en el Antiguo Testamento, en el ámbito del templo sagrado de Jerusalén, como en el Nuevo Testamento ante la persona de Jesús. Cuando los ojos de la fe se abren, los apóstoles, y también los demás, caen inmediatamente de rodillas ante Él. Además hay una larga tradición en este sentido en la Iglesia, desde los Padres de la Iglesia en adelante.

Lo mismo puede decirse de cuanto respecta la Comunión en la boca. Por lo tanto estamos en un momento en que debemos ejercitar nuestro discernimiento para rezar y para reflexionar y, si algo no anduvo bien, para aceptar con mucha humildad que nos hemos equivocado. Mi sincero deseo es que toda la Iglesia, como dice Mons. Guido Marini, lea este gesto y lo adopte para sí misma.


- En una época se enfatizaba mucho en la relación del fiel con Dios en la Comunión. Hoy frecuentemente se pone más en relieve una especie de “dimensión social” de la Eucaristía, entendida como un símbolo de participación comunitaria. Tal concepción ¿no podría poner en peligro la fe en la presencia real en las especies eucarísticas?

Al leer la exhortación apostólica postsinodal del Santo Padre Sacramentum Caritatis, vemos que se dividen los capítulos en tres: la Eucaristía que se cree, la Eucaristía que se celebra y la Eucaristía que se vive. No se puede decir que la Eucaristía tenga sólo una dimensión social. La dimensión social es naturalmente la consecuencia de la dimensión de la fe y de la celebración. Todos estamos llamados a vivir nuestra fe cristiana con heroísmo. Pero no se puede hacer sacrificios heroicos si no se cree y no se celebra esta fe. Por eso no tiene sentido separar una cosa de la otra.

Naturalmente, la celebración es como un puente entre el aspecto de fe y el aspecto de vida. Cuanto más intensa sea la celebración, más coherente será la vida cristiana. No hay sólo lex orandi, lex credendi, sino también una lex vivendi. Es decir, hago el bien por los otros porque es la llamada de Cristo a celebrarlo y a vivirlo. Si se descuida la fe y su celebración, se llega a una dimensión social privada de contenido, sin razón de ser, sin poder de convicción, que se vuelve formalismo y banalidad. No se tendrá el valor de ser un cristiano coherente si se reduce la Eucaristía a mera experiencia horizontal, sin la dimensión vertical.


- La Comunión en la mano no estaba prevista ni por el Concilio ni por la Reforma litúrgica. Los historiadores dicen que el Papa Pablo VI tuvo muchas reticencias para admitirla y lo hizo sólo después de apremiantes pedidos, es más, en algunos países después del hecho consumado. ¿Por qué cree que existieron en ese entonces estas reticencias a aprobar una praxis que hoy es vista como una “conquista”, un síntoma de la madurez de los fieles?

Sobre la cuestión de cómo nació esta praxis de la Comunión en la mano hay un gran debate. De todos modos algunas cosas son claras. A saber, esta praxis fue iniciada en el sentido de exaltación y de euforia que se crearon a raíz de la conquista de una cierta libertad, de una cierta apertura a la creatividad en las iglesias locales. Y entonces, antes de que estas cuestiones fueran estudiadas, antes de que fueran introducidos los nuevos libros litúrgicos y fueran establecidas las nuevas normas, algunos países y algunos episcopados se tomaron la libertad, usando la famosa categoría ad experimentum, de introducir en algunos países esta nueva praxis de la Comunión en la mano. Quizás era visto como un gesto favorable al ecumenismo con los protestantes, un gesto de apertura hacia ellos.

La nueva praxis una vez iniciada se consolidó. Queriendo regularizar la situación, el Santo Padre Pablo VI, de feliz memoria, hizo una encuesta a los obispos. Y muchos obispos, como está escrito en el documento pontificio Memoriale Domini, no aceptaron esta nueva praxis. Pero ésta ya estaba difundida en ciertas zonas y seguramente el Papa encontró dificultad para hacerlos volver sobre sus pasos. Para legalizar esta anomalía, permitió a algunos países continuarla. Pero no indicaba de ningún modo este ejemplo como válido para todo el mundo. Además el Papa determinó que, si bajo ciertas condiciones, las conferencias episcopales querían adoptar la nueva praxis, era necesario pedir el indulto a la Santa Sede.

Entonces las conferencias episcopales de otros países comenzaron a adoptarla, bajo la presión de diversas escuelas teológicas y litúrgicas que decían que la nueva praxis era un gesto más abierto, más moderno. Luego los viajeros que iban a los países del Tercer Mundo pedían recibir la Comunión de este modo. De todos modos, permanecía la obligación de pedir el indulto a la Santa Sede. El hecho mismo de tener que pedir el indulto indica que la praxis normal es la otra. Ahora la praxis extraordinaria se ha vuelto la praxis normal. Pero no debería ser así en todos los países.

- Menos que menos en países con una elevada apertura a lo sagrado...

Lamento que algunos países de tradición religiosa muy antigua, por ejemplo en Asia, hayan introducido este nuevo gesto, sin siquiera considerar la propia cultura. Hablo de lugares donde existen religiones de importancia mundial y en las cuales el sentido de respeto hacia lo sagrado es muy alto. Cuando se entra en el templo es necesario quitarse el calzado. En el templo hindú incluso la camisa, en respeto a su divinidad. También en el templo budista se entra sin calzado y uno se envuelve en una túnica larga, siempre en señal de respeto. También en estos países, lamentablemente, los obispos han introducido la Comunión en la mano, un gesto que no refleja para nada su cultura. Yo lo veo como un tipo de imperialismo intelectual de ciertas escuelas occidentales. Esto me hiere, porque es la imposición de una cultura extraña sobre gente que tiene un alto sentido de respeto en lo que respecta al misterio y a lo sagrado.

La medida tomada por estos obispos me da pena, porque no han entendido la cultura local y la inculturación. Se ve que han sido influenciados por escuelas teológico–litúrgicas que no han hecho una seria investigación.


- A veces sin que se niegue explícitamente la presencia real de Jesucristo en las especies eucarísticas, se ve una tendencia a creer superadas ciertas formas clásicas de reverencia al Santísimo como, por ejemplo, ponerse de rodillas en ciertas circunstancias. Es cierto que algunas convenciones humanas pueden cambiar en las diversas épocas. Pero para Usted ¿existen actitudes que no son sólo convenciones ligadas a una época, sino que valen para toda la historia de la Iglesia?

La situación de la fe en la presencia real de la Eucaristía es bastante preocupante. No quiero decir que todos hayan perdido la fe. Sin embargo nosotros, de la Congregación para el Culto Divino, hemos hecho recientemente un sondeo sobre la Adoración Eucarística, que será el tema de nuestra próxima reunión plenaria. De los informes de diversas conferencias episcopales, por lo que respecta los aspectos negativos, surge la constatación de que en el clero influenciado por ciertas tendencias teológicas, no existe más una clara fe en la presencia real de Cristo. En algunos seminarios se enseña que Cristo está presente sólo en el momento de la Consagración y de la Comunión, después no. Se trata de una posición más bien protestante que, después, abre camino para abusos e incluso sacrilegios de las especies eucarísticas. Una situación lamentable.

Es necesario aquel sentido de reverencia fruto de la conciencia que tenemos en relación con el Cuerpo del Señor, Jesús viviente en su forma eucarística, que nosotros comemos, que nosotros adoramos. Por lo tanto se necesitará ver urgentemente cómo dar una formación teológica y sacramental que asegure a los jóvenes seminaristas, a los sacerdotes y también a los religiosos y religiosas, un refuerzo de este sentido de la real y continua presencia de Cristo en las especies eucarísticas. Si no, las consecuencias sólo podrán ser dramáticas para la Iglesia y causa de innumerables problemas.


Hay una situación paradojal entre lo que Usted dice y ciertos hechos recientes. En Australia los jóvenes parecieron muy respetuosos en las adoraciones eucarísticas y aquéllos que pudieron recibir la Comunión de las manos del Papa parecían plenos de gozo en el poderla recibir de rodillas y en la boca.

En el Concilio Vaticano II nos hemos preguntado con frecuencia cómo estar atentos para leer los signos de los tiempos. Por lo demás, una bellísima expresión. Pero entramos en contradicción con nosotros mismos cuando cerramos nuestros ojos y nuestros oídos a lo que ocurre en torno a nosotros. Existe hoy una gran demanda de espiritualidad, de coherencia, de sinceridad, de una fe no sólo proclamada sino también vivida. Esto lo vemos sobre todo en las jóvenes generaciones. Me gusta a veces encontrar jóvenes sacerdotes y seminaristas que quieren ir en una dirección de búsqueda del Eterno. Nosotros, que somos de la generación del Concilio Vaticano II, que ha proclamado siempre el deber de estar siempre atentos a los signos de los tiempos, no debemos justo ahora volvernos ciegos y sordos. Los signos de los tiempos cambian con la historia. Si estamos atentos no sólo a los signos de los tiempos del sesenta y ocho sino también a los de hoy, entonces tendremos que abrirnos a este fenómeno, reflexionarlo, examinarlo.
Es extraño que en algunos países de Europa, las religiosas vistan como mujeres comunes y abandonen el velo. El velo es un símbolo de algo eterno, algo de “un ya y todavía no”. De aquel sentido escatológico predicado por el Señor mismo: aunque ahora estemos en la tierra pertenecemos a una realidad distinta.


Luego ¿qué sentido tiene abandonar todo esto para integrarnos en una cultura moribunda? He visto tantos jóvenes sacerdotes y religiosas que son fieles a sus signos de consagración. No es que el hábito sea todo, pero también él tiene un sentido. Me acuerdo de un día que viajaba en el TGV desde París a Lyon, vestido de sacerdote, con el cuello, etc. En un determinado momento un señor se me acerca y me pregunta si soy un sacerdote católico. Respondí que sí y él me pidió que lo confesara. Entonces fuimos a un rincón donde podíamos estar sin ser molestados. Él me dijo que era católico pero no practicante regular y que estaba buscando alguno con quien hablar. Decía estar contento de haberme encontrado, porque veía que soy un sacerdote. Pero ¿habría tenido él esta ocasión si yo hubiese estado vestido de chaqueta y corbata?

Repito, es extraño y triste que en un mundo con tantos jóvenes desilusionados de las trivialidades, hartos de la superficialidad, del materialismo consumista, muchos sacerdotes y religiosas vayan vestidos de civil, abandonando su signo de pertenencia a una realidad diversa. Leer los signos de los tiempos significa discernir que ahora los jóvenes buscan al Eterno, buscan un objetivo por el cual sacrificarse, que están listos y son generosos. Y donde hay estas disposiciones debemos estar presentes.

Si no, hablamos en el nombre del Concilio, criticamos a todos los demás en el nombre del Concilio, pero somos incoherentes cuando no logramos leer estos signos de los tiempos.



* Traducción al español provista por Asociación Una Voce Sevilla.

martes, 30 de septiembre de 2008

¿COMULGAR SIN CONFESARSE?


Por Lic Oscar Méndez C.

Dice San Pablo, divinamente inspirado, que quien comulga en pecado mortal 'come y bebe su propia condenación'.

De ahí la necesidad que nuestra alma esté limpia de todo pecado mortal para que pueda Cristo ser recibido por nosotros. De ahí la necesidad -también- de la confesión sacramental para todo aquel que se sepa en pecado grave. Recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la comunión sin estar perdonados por la confesión sacramental es un pecado gravísimo que se llama sacrilegio. Todo aquél que está en pecado grave, todo aquél que no esté en gracia santificante - misma que se obtiene por la absolución personal en el sacramento de la confesión-, todo aquél que viva en ese estado y no se confiese o se confiese mal (sin verdadero arrepentimiento e intención de evitar el pecado; es decir sin contrición y propósito de enmienda) y comulga sacramentalmente está 'comiendo y bebiendo su propia condenación', según la Palabra de Dios.

Quienes no creen o no obedecen la moral que la Iglesia enseña, quienes no desean seguir las normas morales que Dios exige y el magisterio custodia, no deben -por ninguna excusa- acrcarse a recibir la Sagrada Eucaristía.

Luego, es fundamental estar en gracia santificante para comulgar. ¡Qué importante es que vivamos en gracia y que importante es que comulguemos con frecuencia! Pero que importante es, también, hacerlo con las debidas condiciones y con el amor necesario a Dios, estando conscientes que, precisamente, estamos recibiendo a Dios mismo presente en la hostia consagrada. Recibamos a nuestro Creador y Redentor, recibámoslo como lo que es: Nuestro Dios y Salvador, nuestro Rey y Señor.

Qué tristeza es ver que muchos viven conforme al mundo y de manera contraria a la Ley de Dios, y sin cambiar de actitudes ni confesarse van a recibir a Dios vivo presente en la hostia sin el menor discernimiento de lo que hacen, sólo por el que dirán los demás y sin pensar en lo que Dios sí dice de esto. Es el lamentable 'modernismo' que los ha impregnado, es la inconsciencia de lo que es recibir a Dios, es el permanecer en sus errores y en su vida de pecado, creyendo en un falso dios bonachón hecho a su gusto, medida y conveniencia.


Y que tristeza, también, es ver que muchos sacerdotes 'modernistas' no enseñan ya esta doctrina católica y con su silencio son cómplices del sacrilegio. Hay en ello mucha culpabilidad y Dios les pedirá cuentas. Algunos fieles tendrán el atenuante de su ignorancia (cuando ésta no sea culpable), mismo que no se presenta en los sacerdotes que, como tales, están bien instruídos y callan por contemporizar con el mundo o por una fe débil o por poco celo pastoral y exiguo amor a las ovejas que les han sido encomendadas.

Urge, hoy, que los pastores vuelvan a hablar y enseñar esta doctrina tan olvidada por muchos o desconocida -incluso- de las nuevas generaciones. Si es tan común que nadie la cumpla, ¿les costaría mucho esfuerzo que nos la recordaran -aunque sea brevemente- durante cada celebración litúrgica?

Resulta contrastante ver tantos comulgantes y vacíos los confesionarios. ¿En verdad todos ellos estarán en gracia y no requerirán confesarse? Sin intentar penetrar en la conciencia de alguien en particular, las matemáticas parece que no cuadran y nos indican la tremenda realidad y el significado de este hecho. ¿O será realmente que alguien pueda vivir años y años sin el menor pecado mortal? Ciertamente puede ser el caso de algunas almas buenas. ¿Cuántas serán? Sólo Dios lo sabe. Si así fuera la situación de algunos, deben recordar, también, que existe el mandamiento de la confesión anual. ¿Pero, realmente, la mayoría que lleva meses y meses o años y años sin confesarse, tiene limpia la conciencia de cualquier pecado grave como para saberse en gracia santificante y poder recibir a Cristo vivo y realmente presente en la Eucaristía? ¿Y no contribuirán a este mal -de la comunión sin confesión- aquellos sacerdotes que ya no están disponibles habitualmente en el confesionario?

Por parte de muchos sacerdotes: Omisión de enseñar esta doctrina y poco o nulo tiempo en el confesionario.

Por parte de muchísimos fieles: Poca instrucción que genera -en muchos casos- una ignorancia culpable. En otros, un descuido irredento por los asuntos de Dios y un vivir de acuerdo a las máximas del mundo, adecuando la moral y las enseñanzas de Dios y de la Iglesia a sus propios caprichos y criterios personales. Todo ello, lleva a la sacrílega comunión en pecado grave y sin confesión sacramental que los hace comer y beber su propia condenación.

En ambos casos, una multitud que comulga y los confesionarios....¡vacíos!.



lunes, 22 de septiembre de 2008

CENTENARIO DEL NATALICIO DEL SIERVO DE DIOS MONS. FRANCISCO VALDÉS SUBERCASEAUX

A las 16:00 horas del 22 de septiembre, y con la multitudinaria asistencia de fieles, se dio inicio a la Santa Misa en conmemoración del Centenario Natalicio del Siervo de Dios Mons. Francisco Valdés Subercaseaux, la que fue presidida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago, junto a Mons. René Rebolledo, obispo de Osorno. De igual manera participaron de la celebración el obispo de Temuco, Mons. Manuel Camilo Vial, el obispo de Villarrica, Mons. Sixto Parzinger, el obispo de Valdivia, Mons. Ignacio Ducasse y el arzobispo de Puerto Montt, Mons. Cristián Caro. A la celebración se sumó, además, Mons. Fernando Maletti, proveniente de la ciudad de San Carlos de Bariloche, Argentina.

El Cardenal Errázuriz elogió la numerosa asistencia de fieles y devotos del Siervo de Dios a la eucaristía, ocasión en la que destacó las virtudes del primer obispo de Osorno: “Mons. Valdés fue al encuentro con Jesucristo, fue seducido por Je
sús y él le entregó su vida”, sostuvo.






Extractos de la Homilía del Señor Cardenal: 

"Mons. Francisco Valdés experimentó también, como Mateo, la mirada amorosa y la palabra poderosa de Jesús: “¡Sígueme!”. Ahí estuvo el secreto de su vida: en el encuentro con Jesucristo vivo, que le miró a los ojos con amor y le invitó a ser su discípulo y misionero."

"Porque el joven Maximiano había sido seducido por Jesús, tomó la decisión de entrar como seminarista en el Colegio Pío Latinoamericano de Roma a los 18 años, y muy pronto fue doctor en filosofía. Porque había sido seducido por Jesús, entró con 21 años en el noviciado de los capuchinos en Alemania, siendo el
 primer capuchino chileno. Quería seguir a Jesús a la manera de Francisco de Asís, en pobreza y sencillez. Porque había sido seducido por Jesús recibió la ordenación sacerdotal en Venecia, teniendo apenas 25 años, y dio lo mejor de sí en diversas parroquias del Vicariato Apostólico de Araucanía. Todo, porque el amor de Cristo, que él quería acoger y entregar, había cautivado su corazón. "
"Conquistado y seducido por el amor y la sencillez de Jesucristo fue el primer Pastor de esta Diócesis, entregando su vida al servicio de la Iglesia en Osorno durante 25 años. Como discípulo y misionero, tuvieron en su alma un eco profundo las palabras de San Pedro cuando Jesucristo le encomendó que cuidara su rebaño. También él, conforme a su lema episcopal, quería decirle al Señor y Maestro una y otra vez, siempre: “Tú sabes que te amo” Muchos de ustedes conocieron cómo se desvivió trabajando en esta diócesis naciente, y con cuánto celo buscó sacerdotes y animó a los jóvenes a seguir su vocación cuando Dios los llamara. Buscó congregaciones religiosas, fundó parroquias, construyó templos, entre los que sobresale esta hermosa Catedral. Se preocupó de los hermanos huilliches, con quienes compartía con alegría y sencillez."



"No sólo se preocupó de organizar la diócesis; también se ocupó de todos los problemas humanos. Nada humano le era ajeno. Todos conocemos el rol importante que tuvo Mons. Francisco Valdés en la mediación papal frente al problema limítrofe que se suscitó entre Chile y Argentina, escribiendo a los presidentes de ambos países, cooperando a la búsqueda de una solución pacífica. Signo de ello es la presencia entre nosotros del Obispo de San Carlos de Bariloche, Mons. Fernando Maletti, a quien saludo cordialmente, que ha querido concelebrar la Eucaristía con nosotros en esta querida ciudad. Don Pancho, como se le llamaba con cariño y admiración, siendo párroco en Pucón labró con sus manos de artista el Cristo que está situado en el paso Tromen, en el límite entre Chile y Argentina, para expresar el deseo de paz entre ambas naciones."

El testamento de Fray Francisco es como un comentario a la Palabra de Dios que hoy hemos escuchado. En él aparece la hondura de su fe y el celo apostólico que le movió. Seguramente nos alegra escucharlo a través de sus palabras, dirigidas a todos los suyos, a quienes lo ligaba el vínculo del amor cristiano:

“Quisiera dejar en testamento mi único deseo incondicionado: que Dios haga de mí lo que Él quiera, para que Él sea todo en todos: ¡Deus meus et omnia! ¡Mi Dios y mi todo! (San Francisco). Sin otra luz ni guía, repitiendo como Pedro, cuantas veces el Señor me lo pregunte: “¡Tu scis quia amo te!”. ¡Ut in omnibus glorificetur Deus!”. ¡Tú sabes que te amo, para que en todo seas glorificado!

“El encendió en mí las ansias por evangelizar a los pobres,…haciéndome servidor de todos,…Para que Jesús, el Rey de los siglos, sea considerado, amado y bendecido. Porque sin Él nada se conoce en su origen y destino;… sin Él no se puede vivir: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

El Siervo de Dios Mons. Francisco Valdés fue un hombre con facetas admirables y variadas que Dios le dio: hombre culto y sencillo, artista y místico, miembro de una de las familias más distinguidas de Chile, y a la vez enamorado de la austeridad franciscana. Por encima de todo, como lo revela su testamento, tuvo una profunda experiencia de Dios. Cercano a su muerte mira su vida desde el don de Dios que lo conduce:

“La experiencia razonada me hace descubrir con claridad meridiana que desde mi infancia, la mano invisible y amante de la Providencia del Padre me ha venido conduciendo, orientando, alentando de muy diversas maneras, y por diversos caminos, como lo hace con todos los que Él llama hacia Sí para asimilarlos a su Hijo según sus designios incomparables” .

Del corazón de Mons. Francisco Valdés, que ha experimentado el amor de Dios, surge con fuerza el agradecimiento: “¡Gracias! Nunca debería dejar de pronunciar con el alma esta palabra, porque cada recuerdo de mis días, cada mirada retrospectiva, cada sonrisa humana reflejada en mis ojos de cuantos me han amado, me revela y descubre el hilo de oro, la trama prolija urdida por el amor y la sabiduría no investigable del Señor. Y hasta las infidelidades y debilidades, reconocidas y confesadas, enriquecen con sus sombras limitadas la luz victoriosa del Amor Misericordioso del Señor”.

El Siervo de Dios hace un largo recorrido de acción de gracias, que parece no terminar nunca: da gracias a Dios por nacer en esta tierra chilena, “país maravilloso que refleja la belleza infinita en las variedades de su naturaleza, en las cualidades de su gente y en la nobleza de su historia”; por su familia, especialmente por su madre, “no pudo dármela mejor, más amante y amable. Suave y fuerte, presente en el mundo de la época y orientada hacia Dios”; por sus educadores, “Por el llamado tan marcado y exigente de la Orden de San Francisco, según el ideal seráfico que me cautivó en la juventud; sólo en el cielo podré agradecer debidamente. En la Orden Capuchina no sólo encontré una tradición llena de significado y de espiritualidad, sino mi nueva familia… y un ambiente de humildad, oración y paz”.

Da gracias por haber sido llamado al ministerio apostólico, “a dar nueva vida a la Iglesia diocesana de Osorno, para lo cual comprendí desde el primer momento que era necesario entregarle sin reservas todas mis energías, día tras día”. Da gracias a Dios por los sacerdotes de la diócesis, por las religiosas y por los laicos “que cada vez más numerosos se han ido incorporando a las filas de la Iglesia,… escuchando su llamado y comprendiendo cada cual su responsabilidad apostólica como laicos en tantos frentes de trabajo, en la construcción de la Iglesia, en la transformación del mundo”.

El gran Obispo capuchino, Mons. Francisco Valdés, cuya beatificación anhelamos, partió de este mundo a la casa del Padre, y vive en el corazón de nuestra Iglesia. Unidos a él celebramos hoy la Eucaristía, la Acción de Gracias por excelencia. Dios nos ha hablado a través de él.

El nombre ‘Mateo’ significa “don de Dios”. En este día del Patrono de la Ciudad y la Diócesis, Dios nos hace este doble don suyo: nos une a San Mateo, discípulo, apóstol y evangelista, y nos da a su siervo, Mons. Francisco Valdés, como regalo suyo. A través de ambos nos invita, como decía la primera lectura: a vivir de una manera digna de la vocación que hemos recibido.

Como San Mateo y como Mons. Valdés, todos estamos llamados a ser discípulos y misioneros, cada uno “según la vocación recibida…El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo”.

lunes, 15 de septiembre de 2008

BENEDICTO XVI: EL RITO TRIDENTINO NO SE OPONE AL CONCILIO VATICANO II


"Es infundado ver en la publicación del "motu proprio" sobre el rito extraordinario de la misa en latín como se celebraba antes del Concilio Vaticano II una vuelta atrás", afirmó este viernes el Papa Benedicto XVI a los periodistas que le acompañaban durante el vuelo papal a Francia.

Como es tradicional, el Papa se acercó a los 70 periodistas que le acompañaban en el avión y respondió durante unos diez minutos a cuatro preguntas, antes de aterrizar en el aeropuerto parisino de Orly.

Ante la pregunta de si es un retroceso para la Iglesia la publicación del motu proprio Summorum Pontificum sobre el rito extraordinario en latín de la misa (7 de julio de 2007), el Papa explicó "es un miedo infundado, pues este motu proprio es sencillamente un acto de tolerancia, con un objetivo pastoral, para personas que han sido formadas en esta liturgia, que la aman, la conocen, y quieren vivir con esta liturgia". "Es un pequeño grupo, pues supone una formación en latín, una formación en una cierta cultura".

"Pero me parece una exigencia normal de la fe y de la pastoral para un obispo de nuestra Iglesia tener amor y tolerancia por estas personas y permitirles vivir con esta liturgia", reconoció el Papa. "No hay oposición alguna entre la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II y esta liturgia --aclaró--. Cada día, los padres conciliares celebraron la misa según el rito antiguo y, al mismo tiempo, han concebido un desarrollo natural para la liturgia en todo este siglo, pues la liturgia es una realidad viva, que se desarrolla y que conserva en su desarrollo su identidad".

"Por tanto, hay ciertamente acentos diferentes, pero una identidad fundamental que excluye una contradicción, una oposición entre la liturgia renovada y la liturgia precedente. Creo que existe una posibilidad de enriquecimiento de las dos partes". "Está claro que la liturgia renovada es la liturgia ordinaria de nuestro tiempo", concluyó.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

LAS DISCULPAS DEL OBISPO INFANTI TRAS LA VISITA DE LEONARDO BOFF

Diario El Mercurio, Domingo 7 de septiembre de 2008.

Secuelas trajo el reportaje publicado el domingo pasado, titulado "El ex cura que dividió las aguas del episcopado chileno", y que dio cuenta de la invitación que le hizo el obispo de Aisén, Luis Infanti, al ex sacerdote y promotor de la Teología de la Liberación, Leonardo Boff. El lunes, el obispo Infanti envió una carta de tres carillas a Monseñor Alejandro Goic para explicar su actuación y por qué considera que el tema medioambiental no ha sido tratado con la suficiente fuerza a nivel eclesial.

"Es por ello que quisimos darle el mayor realce a esta Carta Pastoral. Coincidía que Avina (organización ecologista latinoamericana, no de iglesia, pero con participación de gente de iglesia) invitó a Leonardo Boff a Bariloche... Los nexos que tenemos con Avina nos permitieron extender su gira hasta Aisén, con la única finalidad de contar con un experto a nivel teológico mundial en esta materia.

"(...) Yo asumo TODO y SÓLO la presencia de Boff en Aisén. Lo que pasó en Santiago no es de mi competencia ni responsabilidad. Es allá donde se presentaron divergencias, recogidas y ampliadas sobre todo por la prensa.

" (...) Varias de las cosas aquí planteadas las conversé contigo por teléfono, hermano Alejandro, ciertamente cuando la visita de Boff estaba ya anunciada. Algún hermano obispo, con gran sinceridad y fraternidad, me hizo notar la imprudencia de invitar a la presentación de la Carta Pastoral de un obispo, a un teólogo que había entrado en faltas de comunión y eclesialidad, y que motivó su abandono del sacerdocio y de la vida religiosa. Entiendo que no ha sido expulsado de la Iglesia, y que en sus numerosísimos escritos ha hecho un enorme aporte a la teología, a la ética y a la espiritualidad".

Infanti termina pidiendo disculpas. "No era mi intención provocar este revuelo que creó su visita y que pido fraternalmente disculpas si esta situación ha creado molestias y hasta ofensas entre hermanos. Tal vez sea también la oportunidad de dialogar más estos temas en la Conferencia Episcopal en vistas a una mayor comunión eclesial".

Copia de la carta fue enviada a todos los obispos de Chile, con el consentimiento de Monseñor Goic.